martes, 2 de octubre de 2018

No. 27 [Seis]

Este año ha estado lleno de muchas bajas y altas en varios aspectos de mi vida.
La mayor parte han sido complicados, tristes y severos; pocas veces logro vislumbrar algo bueno dentro de toda la niebla que me cargo al rededor y también, pocas veces logro ser optimista respecto a un futuro cercano.

Antes de marzo, desde alguna perspectiva, podría decirse que tenía todo: trabajo, familia, amigos, una pareja. Sin embargo, una parte de mí no se sentía complementada en ninguna porción de esos ámbitos. 

Me sentí, nuevamente, esa persona solitaria que pensé había quedado enterrada en esos cinco años. Y también, me sentí vacía. Muchas cosas que me interesaban, qué hacía, que hacían que fuera yo en pequeñas o grandes partes, no estaban en su lugar.

La tristeza y desesperación me invadieron, me vi sola a pesar de estar rodeada de gente y, nuevamente, pensé en quitarme la vida.

Pero ¿por qué quieres quitarte la vida si tienes todo?

Es verdad, pero así es esto. Esa parte de mí que no puedo eliminar, no vio esperanza en nada y pensó que lo mejor era dejar de existir.
Lloré demasiado, me sentí mal por pensar eso teniendo a mi hermana, a mis padres y a mi pareja conmigo.

Durante cinco años, me olvidé de eso, olvidé todos esos pensamientos ridículos que tuve y las cosas estúpidas que hice. 
Al no poder más, pensé en decirle a alguien lo que sucedía; a mis padres no podía decirles eso, me juzgarían como siempre lo hacen y me tacharían de loca y de ridícula. A mi hermana, quizás la hubiera asustado o se hubiera preocupado demasiado. Entonces, saqué fuerzas de todo y decidí confiarlo y refugiarme en la persona que amaba y con la que había compartido ya, un lustro de mi vida.

La respuesta a eso no fueron palabras de aliento. Incluso, me atrevo a decir que evadió el tema.

Quizás es que no soy la clase de persona que sabe como expresar sentimientos.
Entonces, me frustré.

Fue frustrante, 
Ya son seis meses desde que él simplemente me dejó de hablar, no simplemente por eso, quizás mi desesperación de una repuesta que jamás llegó, hizo que provocara el hecho de que se fuera. Algo inducido, quizás algo necesario. 

Quizás, aún me siento herida porque no me ayudó a superar eso y, como siempre, tuve que tomar toda esa maraña de pensamientos y aislarlos, como a los titanes y seguir, seguir con todo lo que pasó luego de ese día.

No me siento reconfortada aún, las cosas van de mal en peor. O eso siento.

En últimos días, veo a mi alrededor y no hallo como continuar con todo. Sé que debo hacerlo, pero al ver cómo se han dado algunas cosas, preferiría que todo terminara.

Lo extraño.

Y ese punto, me hace pensar nuevamente en cosas que me duelen.
Me siento un fracaso. He fracasado en todo.

Mi plan de vida no va como lo había previsto. Cada día que pasa veo más lejano todo lo que quería para mí en un futuro.

Mi vida es un fracaso.

Ya sé, la gente dirá que debería cambiar algo, bajar las expectativas, orientarlo a otros rubros; pero de eso, hay cosas que quiero que sucedan.

Hace unos días, un sujeto me dijo que él sólo lee la manera en que me quejo y no hago nada. Me molestó que la gente le gusta juzgar sin saber. 
Me he esforzado y quizás el que me desahogue en algunos sitios poniendo cosas así, es porque he hecho más de lo que creo debido y las cosas no funcionan para mí.

Pero así sucede siempre.

Hoy, nuevamente me siento a morir.
Mis cambios en las rutinas no han funcionado y aún pienso en muchas cosas que no debería tomar en cuenta.
No he hablado con nadie, realmente, sobre esto.

Es como si fuera una leprosa. Todos saben, nadie pregunta, nadie me abraza.
Es lo que más duele, no contar realmente con alguien.

Ahora sé que todo debe continuar, nuevamente debo tomar los trozos de vida que han quedado después de todo y continuar. Todavía no sé si podré, pero debo hacerlo.

Sé que debo hacerlo.

Sé que muchas personas me dijeron antes que era mejor dejar ir todo lo que ya no tenía remedio, que cosas mejores vendrían. Pero no hice caso. Me aferré a todo porque para mí, todo lo que representaba era eso "bueno" que todos prometían.

Sin embargo sucedió. Me alejé y cuando volteé a ver en dónde estaba, él simplemente se había ido. O quizás es que nunca estuvo.  O nunca estuve en sus planes. en todos esos grandiosos planes que eran para los dos y al final, sólo un pasajero podía quedarse.

Aún lloro la mayor parte de las noches.
Trato de deshacerme de todo eso que construí en esa pequeña parte de fantasía y tranquilidad que me dio por un momento. Trato de deshacerme de la esperanza que aún vive en lo profundo de mí, esa esperanza ridícula que sostiene que aún, luego de medio año, el dirá "lo siento, no puedo sin ti". 

Pero el show debe continuar.

Extrañaré siempre las veces que reí y las veces que aprendí a su lado. Las veces que me hizo sentir realmente parte de su vida, las cuáles fueron pocas.

Extrañaré las mentirillas, quizás. Y al final, lo extrañaré a él.
Lo sé.

Aún debo decidir si enviar mi desahogo o no.
La verdad es que, el 60% dice que no; la verdad, es que tampoco estoy segura.

Todavía pienso que debí huir, antes de este amargo fin.

Hasta el próximo post.